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Presentación

By admin | abril 30, 2008

La praxis filosófica contemporánea es una escuela de pensamiento que parte de la confianza probada y demostrada en que la filosofía puede ser aplicada a la vida personal y social para alcanzar la plenitud, el bienestar, la serenidad y, por qué no, la felicidad.

El entrenamiento espiritual con la ayuda de un consejero filosófico no permanece atado al pasado de las personas ni bucea en él para interpretar lo que le está ocurriendo ahora. Se trabaja con las dificultades del presente y se proyecta hacia un futuro que aporte serenidad y sentido a la existencia. Es un camino muy corto en el tiempo y profundo en el ser de cada uno.

Hay mucho sufrimiento imaginario en el ser humano. Mucho sufrimiento inútil. Poco sentimiento genuino.

Se ha comprobado internacionalmente que la Praxis filosófica funciona. Mucho mejor que un antidepresivo.   Es una terapia amigable, fácil y muy breve.  Sólo es necesario pensar mejor y en forma más saludable.

Entonces,¿ para qué sufrir?

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Qué es la consejería o consultoría filosófica?

By admin | abril 29, 2008

A menudo el público considera a la filosofía como un ejercicio puramente académico, en el que los profesores, licenciados o doctores en filosofía, hablan entre ellos mismos, escriben para ellos mismos y enseñan, a los futuros egresados de filosofía y carreras universitarias afines, el pensamiento de los grandes filósofos a lo largo de nuestra historia.
Pero en sus albores, ya desde Sócrates, en sus famosos diálogos con sus discípulos, la filosofía se concebía a sí misma como una forma, un estilo de vida, de vida buena, de vida mejor, más valiosa y saludable que ninguna otra.
La praxis filosófica contemporánea —surgida en Alemania en los años ochenta y adoptada y difundida rápidamente en EE.UU.— es una escuela de pensamiento que parte de la confianza (probada y demostrada) en que la filosofía puede ser aplicada a la vida personal y social para alcanzar la plenitud, el bienestar, la serenidad y, por qué no, la felicidad.
El consejero filosófico puede considerarse una suerte de terapeuta, en el sentido profundo de la palabra terapia que implica servicio, prestar atención al otro. También se puede entender como un asesor amigable finamente ejercitado, por la índole de su carrera académica previa y por su formación, en el difícil arte de escuchar y discernir.
Hay quienes por su problemática personal, según las variedades y grados de una patología psíquica, necesitan de un médico psiquiatra o un psicólogo. En ese caso tendrán que ahondar durante muchísimo tiempo en las raíces de su pasado o tomar antidepresivos o ambas cosas, abandonando la esperanza, una vez insertos en este camino (parafraseando a Dante) de recibir el alta prontamente. Puede pasar mucho tiempo, o toda la vida, hasta que las personas se sientan habilitadas (vía médica) para vivir por su propia cuenta, a su leal saber y entender.   Más adelante me explayaré sobre «Cuando Platón y cuando Prozac».
El consejero filosófico no es un predicador de la New Age.[1] No trata de reforzar hipnóticamente la creencia en que con sólo visualizar lo mejor de nuestra situación ello se realizará como por arte de magia: “Seremos felices y comeremos perdices en el mar de la abundancia espiritual y material, amaremos a los otros, los otros nos amarán, estaremos en armonía con el Cosmos y éste a su vez con nosotros, perfectamente alineado todo con todo”.Aunque estas últimas aspiraciones son muy loables y, en definitiva, es lo que desearíamos para nuestra vida, para el consejero filosófico, no se cumplen siguiendo principios o slogans superficiales, sino luego de un serio análisis racional de la problemática concreta de cada individuo, y un aprendizaje fundado en razones universales pero verificables a través de la propia experiencia existencial. El consejero filosófico no fomenta la ilusión ni el autoengaño. Por el contrario, ha sido preparado para distinguir entre apariencia y verdad.

[1] La New Age ha bastardeado el vocablo y el concepto “metafísica”, aplicándolo a consejos superficiales y facilistas para alcanzar el “éxito” y la “abundancia” en la vida. ¡Que diría Aristóteles de su bienamada Ciencia, la filosofía primera!.

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Qué es lo que la consejería o consultoría filosófica puede hacer por usted?

By admin | abril 28, 2008

Ayudarlo, como diría mi colega, Lou Marinoff[1], filósofo canadiense pionero de esta nueva práctica en EE.UU., a vivir una “vida examinada”. A través de preguntas muy similares a las de la mayéutica[2] socrática, articular un diálogo honesto, honrado y, por sobre todo, amigable con usted.
Ayudarlo a “vivir filosóficamente”, a tomarse las cosas “con filosofía”. Aunque estas expresiones nos suenan como frases hechas, lugares comunes malgastados por el uso y abuso, habría que rescatar la riqueza de la significación que les dio origen.
Tomarse las cosas con filosofía implica:
Aprender a identificar claramente cuál es su problema y definir su crisis actual.
Aprender a reconocer las emociones que dicho problema suscita en usted y poder expresarlas con nombre y apellido.
Aprender a distinguir la mayor cantidad de alternativas posibles, dada su situación presente, para salir de sus inquietudes o preocupaciones y de las emociones concomitantes, para sentirse mejor o alcanzar un estado de bienestar o, al menos, de serenidad sin autorreproches. A veces podrá optar por el sendero que lo conduzca directamente a la felicidad y a la alegría, y a veces simplemente evitar males mayores. Este debe ser un proceso “realista”. En todo caso, siempre se sentirá mejor y liberado cuando haya decidido por sí mismo un camino viable para transitar por cuenta propia cuando tenga que atravesar las grandes aguas.
Aprender a “actuar” la esencia de este trabajo: “tomarse las cosas con filosofía” es llevar esa “vida examinada”, como lo señala Marinoff. Es separarse del apego al problema, del apego al sufrimiento del momento —o por un momento— y contemplarlo desde una perspectiva universal, a la luz de las distintas concepciones de felicidad, responsabilidad, valor y sentido de la vida que los grandes pensadores de la humanidad, frente a los mismos sufrimientos y conflictos que hoy usted está atravesando, han formulado y sistematizado.
Seguramente, de todas estas concepciones hay alguna que usted, quizás sin clara conciencia, ha estado cultivando antes de llegar a la consulta. Es natural. La filosofía es inherente a todo hombre, sea o no filósofo de profesión. Todos tenemos un conjunto de creencias favoritas que forman parte de nuestra visión personal del mundo, tal como se ha ido conformando a lo largo de nuestra vida por educación, por las experiencias que nos han dejado algún tipo de aprendizaje, por lo que consideramos han sido nuestros grandes aciertos o grandes errores, por el bien que creemos haber hecho o el mal que creemos haber infligido, etc.
En la etapa del examen o mirada contemplativa de nuestro problema, nos sorprenderemos con las similitudes y diferencias que nuestras creencias guardan en relación con los pensamientos de los sabios de todos los tiempos. Esta iluminación que surge de la conversación empática con el consejero filosófico, genera los nuevos puntos de vista (a veces son los viejos reapropiados), las nuevas intuiciones y visiones que nos permitirán reinterpretar el significado de nuestras crisis y descubrir qué conductas nos posibilitarán transformarlas en oportunidades de cambio.
El entrenamiento con la ayuda de un consejero filosófico no permanece atado al pasado de las personas ni busca en él interpretar lo que le está ocurriendo ahora. Se trabaja con las dificultades del presente y se proyecta hacia un futuro que aporte serenidad y sentido a la existencia. Es un camino corto en el tiempo y profundo en el ser de cada uno. Hay mucho sufrimiento imaginario en el ser humano. Mucho sufrimiento inútil. Poco sentimiento genuino y mucho “mentimiento”[3]. El asesoramiento filosófico busca ayudarlo a separar la paja del trigo. Es un sendero muy cercano al del sentido común. Pero son pocas las personas en las que el sentido común no esté distorsionado por una errónea percepción de la realidad y una errónea percepción de sí mismas.
El asesoramiento filosófico es un trabajo pragmático. Los consejeros filosóficos no pretendemos convalidarlo con demostraciones intelectuales. Sólo pretendemos “mostrarlo” a través de la experiencia práctica. No nos detenemos a analizar su valor intrínseco. Para nosotros es valioso porque hemos comprobado que funciona. Y funciona mucho mejor que un antidepresivo.

[1] Autor del célebre best seller “Más Platón y menos Prozac”.
[2] Mayéutica es el arte de asistir a la parturienta a dar a luz una nueva vida.
[3] Hipocondría del alma.

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Qué dirían los pensadores clásicos sobre la Inteligencia Artificial?

By admin | mayo 22, 2024

Tomemos el caso de Aristóteles, sintetizador de múltiples vertientes de la antigüedad. Inteligencia viene de “Intellectus”. El Intellectus, a diferencia de la “ratio” —pensamiento que discurre, yuxtapone, divide, clasifica, calcula a la manera de la aritmética— es una lectura intuitiva de la realidad, que adviene en un instante presente. Para Aristóteles esto en sí mismo es algo propiamente humano que, en la medida en que se profundiza, permite alcanzar la contemplación más elevada que despliega la naturaleza del hombre en su plenitud. Una intelección (Intellectus, intus legere = leer adentro) puede alimentar el curso de la “ratio” hasta en sus algoritmos más complejos. Pero Aristóteles no considera que esta “ratio” agote o sea el punto final de la vida del hombre ni se constituya en el acabamiento de la esencia humana, por más supertecnología que haya contribuido a expandir. Sólo la contemplación intelectual elevada (Intellectus) hace a la naturaleza humana y su cumplimiento. Lo que verdaderamente hay que contemplar no está afuera, a la manera de proyecciones objetivas (Alexa, Siri, etc.), sino en la inagotable e insondable interioridad de cada uno de nosotros. Ambas perspectivas pueden coexistir pero no tienen la misma jerarquía. La contemplación intelectual hace al hombre hombre. La razón (“ratio”) tecnológica hace al hombre eficaz.

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La Quietud

By admin | octubre 2, 2021

«Donde quiera que vayas lleva contigo la quietud!»

Emerson.

Es obvio que se trata de una quietud dinámica por contradictorio que parezca. De lo contrario no iríamos a ninguna parte.Muchas veces estar rodeado de muchas personas permite que esa quietud aflore por contraste. «Estamos tantos y sin embargo yo soy aquí con esa sensación de desapego gozoso que me ayuda a participar más armónicamente».Y cuando estamos solos puede que no tengamos quietud afligidos por preocupaciones, miedos, ansiedades.Podríamos usar otro ejemplos. Es que la quietud de la que habla Emerson no cae del cielo azarosamente. La quietud se cultiva, no necesariamente con meditación, sino prestando atención a que internamente hay un ancla y la tarea es desempolvarla. Así podremos sentir suavemente que nos acompaña en cada paso de la vida, aunque no nos focalicemos siempre en ella. Es nuestra más grata compañía y y desde ella surgen indicacionespara hacer lo mejor que podamos en cada caso. Aunque la sintamos internamente es ella la que conjuga con mayor virtud nuestra interdependencia esencial con todas las cosas del mundo.Emerson es un referente del trascendentalismo de Nueva Inglaterra, corriente no muy mentada fuera de los EEUU que recomiendo por su pragmatismo espiritual y natural.

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¿Sabes que morirás?

By admin | septiembre 30, 2021

En 5 frases conmovedoras a mi juicio, puedes ir preparándote para el acontecimiento más espectacular de tu vida: tu muerte, tú propia muerte, la tuya, esa que alguna vez ocurrirá.

El hambre de tiempo es el resultado de nuestra insatisfacción ahora. A ver si en un futuro podemos estar satisfechos.

El miedo a la muerte es insatisfacción ahora?

Por qué “los goces quieren ser eternos”?

Si fuéramos eternos no tendríamos ahora.

Y si me zambullo en el ahora hay una profundidad insondablemente infinita.

(Puedes dedicar un tiempo a meditar sobre ellas y si puedes reconocerte por alguna experiencia vivida tanto mejor).

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La paradoja de la Felicidad. 3ª. Parte

By admin | septiembre 8, 2021

Una situación tensa. Cuento Zen

Un día mientras caminaba a través de la selva un hombre se topó con un feroz tigre. Corrió pero pronto llegó al borde de un acantilado. Desesperado por salvarse, bajó por una parra y quedó colgando sobre el fatal precipicio. Mientras él estaba ahí colgado, dos ratones aparecieron por un agujero del acantilado y empezaron a roer la parra. De pronto, vio un racimo de frutillas en la parra. Las arrancó y se las llevó a la boca. ¡Estaban increíblemente deliciosas!

¿Y si mientras este hombre saboreaba las frutillas el tigre emprendió la retirada?

Cuando todo aparece conectado de forma previsible, un cambio, un pequeño cambio, una actitud inesperada y desconcertante, puede alterar la cadena de los acontecimientos en otra dirección.

Así como la ansiedad está asociada al temor y se alimenta de las ataduras a las preocupaciones, el “soltarse” de esa actitud, el “soltar las riendas” de los temores y las preocupaciones, de los pensamientos negativos, de las profecías agoreras, de los miedos por la posible frustración de nuestros deseos, está asociado al coraje para saltar al vacío, dejando atrás todos esos desechos tóxicos que enferman el alma.

Tememos despojarnos de todo ello porque ya nos hemos acostumbrado a vivir con ellos. Sin ellos nos sentiríamos desnudos, vacilantes, sin saber de qué asirnos. Se nos han vuelto imprescindibles para vivir. Pero la verdad es que son tan prescindibles como nocivos y, si nos deshacemos de ellos, en lugar de vacilación vamos a encontrar un terreno más firme que pisar: nosotros mismos, nuestra verdadera esencia.

“Entonces, ¿qué debo hacer?—pregunté pensativo

—Tiene que aprender a esperar como es debido.

—Y ¿cómo se aprende eso?

—Desprendiéndose de sí mismo, dejándose atrás tan decididamente a sí mismo y dejando a todo lo suyo (Eugen Herrigel: Zen en el arte del tiro con arco)

¿Cuál es el “sí mismo” del que hay que desapegarse, de qué se trata “todo lo mío”?

Es el Ego, una entidad a la que atribuimos existencia real a partir de un enamoramiento de todas las actitudes nocivas para nuestro ser, descriptas en el párrafo más arriba. Si aprendiéramos a soltarlo nos asombraríamos de ver que no caemos en un oscuro abismo mortuorio, sino que nuestros días fluirían con mayor tranquilidad y que seguiríamos siendo los mismos, tal como si estuviéramos a diez centímetros del suelo (Esta bellísima analogía fue tomada de la obra de Alan Watts quien alude a su vez haberla escuchado de otros maestros).

¿Por qué nos enamoramos de las actitudes nocivas que constituyen el Ego? Porque de algún modo nos dan entidad, como si un hombrecito fantasmal controlara un tablero maléfico en nuestro interior. Y nosotros nos vemos como los controladores. Felices porque controlamos e infelices porque nos boicoteamos haciéndonos daño.

Cuando soltamos al controlador, al observador ficticio que cree dominar las situaciones, simplemente nos estamos sintiendo en paz. En este caso la paz trae consigo la verdad, la belleza y la bondad. Se puede no ser feliz con esto?

Estoy proponiendo que para ser feliz hay que “minimizarse”.

Es grato de algún modo no ser, minimizarse. El personaje de La Náusea de Sartre experimenta la sensación agobiante y siempre al acecho de la pesadez, la desmesura del ser.

Y sólo consigue alivio cuando se encuentra con una musiquita muy anodina y suave porque, comparada con la pesadez del mundo, esa musiquita resulta menor, alivia un poquito.

Pero si uno puede acercarse a la experiencia de observar lo que es, sin filtros, el solo darse cuenta es placentero y bastante fascinante. Ser uno con lo que es. Dejar fluir lo que somos y lo que es sin preocuparnos por la diferencia entre “afuera” y “adentro”, porque no hay “afuera” y “adentro”. Sólo somos. Todo es. Todo es uno manifestándose en miríadas de  pautas, esquemas, formas y sistemas.

A esta altura de mi vida me doy cuenta que la única libertad que podemos tener es darnos cuenta de todo ese enjambre sin juzgar ni juzgarnos ni interpretar. Solo mirarlo. Esta ahí. Y bueno esta ahí. Sucede. No es ni bueno ni malo. Es hermoso. Todo es así en la vida.

Breve epílogo

Si recuerda el lector la primera parte de este ensayo verá cómo aparece de nuevo el tema del tiempo lineal y las emociones ansiosas.

Me atrevo a decir que siempre nos hace falta más y más tiempo. El hambre de tiempo es el resultado de nuestra insatisfacción ahora. Cultivamos la ilusión de que el futuro nos traerá placer. El miedo a la muerte es insatisfacción ahora. Si a esto agregamos que los goces siempre quieren ser eternos caemos en la trampa de un pensamiento falsamente unilateral y por tanto parcial.

Si todo fuera goce nada lo sería y no habría contraste.

Si fuéramos eternos no tendríamos ahora. Y si me zambullo en el ahora hay una profundidad insondablemente infinita y rebosante de dicha.

¿No se hallaba el desprendimiento de uno mismo, del cual hablaba el maestro, en el camino hacia el vacío y el recogimiento? (…) Pero por qué anticipar con el pensamiento lo que sólo la experiencia puede enseñar? ¿No era ya hora de desechar tan infructuosa propensión?

(Eugen Herrigel: Zen en el arte del tiro con arco)

Desprenderse de todas las formas en el recogimiento hasta alcanzar ese vacío no es desprenderse de la propia esencia y de la más profunda vocación por ser sí mismo. Por el contrario, es deshacerse de aquello que perturbaba la quietud y el desapego necesarios para encontrarse a sí mismo en su propio centro.

Lo que se encuentra es la más pura libertad de ataduras y compromisos con el pasado y con el futuro. Libertad pura y pura disposición, abierta y atenta. La conexión con las fuerzas del universo se vuelve tan íntima como una fusión.

Hay un gran poder interior y una libertad que se abre con serenidad a lo que ha de sobrevenir.

Lo expuesto aquí no ha pretendido demostrar con argumentaciones racionales y exactas nada de lo que se afirmó. Sólo ha querido ser una propuesta hacia una experiencia diferente de la vida donde lo importante es dejarse llevar un poco de la mano con la mente y los pensamientos para acercarse al sólo sentirdonde lo dicho ya no importa porque ya pasó, porque estamos en el “ahora” y estar en el ahora es un sentimiento, no una comprensión intelectual.

Hemos elegido es maravilloso camino de la Philosophia perennis, rindiendo homenaje a filósofos como AllanWatts o Aldous Huxley entre otros.

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La Paradoja de la Felicidad. 2a. Parte

By admin | septiembre 3, 2021

El tiempo y las emociones.
A raíz de la educación que hemos recibido, sobre todo en Occidente, desde hace aproximadamento 2000 años, nuestra mente concibe al tiempo como lineal: pasado, presente y futuro, es decir hace un rato, ahora que muerdo una manzana y lo que pasará después.
Hay demasiado desconocimiento sobre lo que pasó y sobre cómo influirá después. Lo único real y concreto es que mordí la manzana, ahora, en el presente.
Salvo que se trate de una persona extremadamente optimista, esas zonas inciertas del pasado y del futuro generan miedo, sensación de amenaza y temor al fracaso. Mucha mente inquieta todo el día, Y si dijera que la manera de aplacarla es sólo sentir la mordida de la manzana? Es lo que siento ahora, en mi presente, nadie me lo puede arrebatar. Y allí, en ese momento, no hay lugar para que la mente elabore conspiraciones de las cosas malas que pueden pasar en mi vida.
Sólo tenemos sensación clara, firme, sin temores amenazantes cuando la mente descansa en la quietud de lo que es ahora y agradece la distensión y la aceptación de lo que es. ¿Qué quiere decir que la mente agradece? Que de pronto nos invade un estado mental con menor irritación y crispación aún cuando sea sólo un momento fugaz, fugacidad que se va asentando en el interior de la personalidad.
Estamos tratando muy mal a nuestra mente, sin embargo esa condición humana que pretende interpretar la realidad pero no es la realidad nos ayuda a pensar en esa sensación de “ahora” que nos gustaría vivir más a menudo.
Vivir en el presente es muy lindo. Disuelve muchos malestares y ansiedades. Es decir sí a lo que es en cada momento. Es sentir que somos invulnerables para lo que pueda pasar, bueno o malo, y la alegría que eso produce es el “plus” no intelectual que le permitió a Aquiles pasar a la tortuga. Cuando decimos no intelectual hablamos de trascender tiempo y espacio como líneas que se definen y calculan. Y pensar que hubo otros paradigmas en otras culturas milenarias. Quizás vivieron más felices que nosotros. Quizás se conectaron con la realidad de la naturaleza y disfrutaron el mordisco de la manzana sin ponerse a pensar: ¿qué es una manzana? ¿de dónde sale? ¿por qué como? ¿tendré suficiente?
El tiempo es un concepto extremadamente racional donde la mente mora casi permanentemente. Es que son interdependientes uno del otro. La dicha de saltar por encima de esa interdependencia libera una inteligencia más viva de las cosas y más cercana a la verdadera realidad. La mente se ha liberado de las ataduras de lo imaginario, provocadas por una estrecha comprensión del tiempo como lineal.
Como si a Aquiles le hubieran salido alas y salta por encima de la tortuga. Eso es dicha, eso es ahora.

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La paradoja de la Felicidad. 1a. Parte

By admin | agosto 18, 2021

Zenón de Elea era un filósofo presocrático. Planteó varias paradojas, entre ellas la famosa: Aquiles y la tortuga. Como buen eleático buscaba demostrar que el Ser es inmóvil y que todo movimiento registrado por nuestra experiencia es una ilusión.

En palabra simples, la paradoja dice que si Aquiles y una tortuga compiten en una carrera y la tortuga arranca con cierta ventaja Aquiles, con toda su rapidez y fortaleza jamás alcanzará la tortuga. Porque si medimos la distancia como una línea continua de infinitos puntos Aquiles no termina de recorrerlos cuando la tortuga ya está un poco más adelante. ¡¡Una hermosa abstracción!! Y sin embargo tardó siglos en resolverse en base al cálculo infinitesimal. Pero no ahondaremos en una matemática compleja e innecesaria para nuestro propósito que es abordar el tema y la experiencia de la Felicidad.

Tomemos la paradoja tal como la plantea Zenón. No busquemos salir de la paradoja. Las paradojas suelen generar un estado de perplejidad que deja en silencio la mente. Y si permanecemos en ese estado puede ocurrir que para comprender lo que ocurre tengamos que revisar nuestros patrones mentales, nuestros circuitos habituales de pensamiento, todo lo “conocido”. Así quizás podamos alguna vez percibir lo “desconocido” no previsto, descubrir un sentido que pone en jaque el permanente recurso de la memoria, memoria de conceptos, de imágenes, de razonamientos típicos.

Siguiendo la demostración abstracta de Zenón diríamos que es verdad que no habría un punto donde Aquiles alcance la tortuga. ¡Pero nosotros sabemos que hay un punto donde Aquiles sobrepasa a la tortuga!

¿Qué tiene que ver todo esto con la Felicidad?

Aquiles o nosotros siguiéndolo hemos dado un salto hacia otra dimensión. Del “continuum” de la línea del tiempo lineal como pasado, presente siempre evanescente, ese “continuum” que desemboca en un futuro, de todo eso registrado permanentemente como pasado, cargado a la cuenta del pasado, nos hemos salido, hemos puesto el pié en un lugar muy difícil: el ahora. Hemos trascendido la línea de tiempo como sucesión. Flotamos un poco o estamos a centímetros del piso. Estamos “ahora”.

“Ahora” es el único sitio donde podemos trascender algo. Decidimos trascender poniéndole fin al sufrimiento, al miedo. “Ahora” se abren las compuertas de la felicidad. No pueden abrirse ayer ni mañana. Es un autoengaño decir yo voy a ser feliz dentro de un mes cuando se resuelvan mis problemas amorosos, laborales, financieros. Sin embargo es la forma habitual de movernos en la vida. Las causas anteriores generando consecuencias temibles y cada uno de nosotros en este punto del presente somos el desmayo inconsciente que teme, que tiene miedo y ansiedad.

Es verdad que de los recuerdos y las experiencias pasadas aprendemos y proyectamos hacia el futuro conductas más o menos adecuadas para movernos con cierta coherencia, eficacia, sentido práctico, con cierta firmeza en la vida. La historia de la humanidad muestra que esto ha sido así. Pero esa distancia tensa entre el arco hacia la flecha no es el único lugar donde podemos estar.

La mención de la paradoja de Aquiles y la tortuga es por supuesto una  analogía. Y muestra que podemos despertarnos de golpe y caer como un rayo en ese “continuum” vertical del tiempo lineal. Aquiles, en un instante trascendió esa línea. No alcanzó la tortuga sin más. Tuvo que superarla, sacar ventaja.

Con la felicidad, la serenidad o la dicha ocurre de modo análogo, aunque para comprender esto es preciso experimentarlo. Y para experimentar tiene uno que disponerse a buscar, indagar en sí mismo, probar. No buscar la alegría para que se dé en otro momento después y además dependiendo de circunstancias externas. La felicidad es siempre “ahora” y en lo profundo de mí mismo. Está exactamente donde yo estoy pero tengo que vivir el momento presente con intensidad para experimentarla.

Esta clase de felicidad a la que aludo no va reñida con los dolores de la vida. En cada punto de mi “presente continuo” voy cursando mi dolor y eso puede ir acompañado de un fondo de paz y contento por el simple hecho extraordinario de estar vivo. Un monje medieval y místico, Meister Eckhart, escribió: “No hay desgracia sin contento”. Pero esta clase de felicidad no tiene nada que ver con el sufrimiento. El Buda distingue entre dolor y sufrimiento. El dolor es inevitable, el sufrimiento es optativo. Sufrimos porque, aún inconscientemente, decidimos sufrir al enmarañarnos con nuestra mente inquieta, con los pensamientos oscuros, la imaginación negativa a cuya inercia nos entregamos. Para atrás culpa o resentimiento o autocompasión y para adelante miedo, ansiedad, preocupación. Mucho miedo. No es medible el instante en que Aquiles aventaja a la tortuga. El salto no se puede medir. Es un asunto muy personal. Tiene que ver más con lo que se siente que con lo que se piensa.

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Los Angeles.

By admin | septiembre 8, 2020

“Los ángeles vuelan porque se toman a sí mismos a la ligera” (Chesterton).

¿Por qué no hacemos lo mismo y dejamos de tomarnos nuestra vida demasiado en serio?

Hemos sido condicionados para arrastrar “pesares” con gran esfuerzo y seriamente. Es lo correcto. Es un mandato que nunca se nos ocurrió cuestionar. El modo solemne de ese camino no conduce a ninguna parte a menos que consideremos el propósito de ser infelices. ¿Es necesario comprender nuestra situación en el mundo de esta manera ascética y penitente? ¿Es realmente necesario? ¿Alguien me lo exige? ¿Estoy cumpliendo una sentencia?

La pregunta honestamente formulada abre repentinamente y expande una dimensión hasta el momento relegada a un segundo plano. La del juego y del humor. Reírnos de nosotros mismos es ya una liberación de energía mental positiva, psicofísica.  El humor inteligente pone las cuestiones de la vida en orden, un orden diferente del preestablecido por la educación y la cultura. En él podemos respirar mejor sin tanto esfuerzo ni autoexigencia. No es un orden prefijado a respetar. Es un orden flexible, armónico, espontáneo, donde hay espacio para la sensación de libertad.

Propongo despertar a esa dimensión a través del humor, del juego, de la danza de cada día. Cada gesto, cada paso se irá dibujando con armonía desconcertante y gozosa. Es el juego de la vida. Es hacer sitio a la sorpresa. Creo que no vinimos a este mundo a aprender ni a expiar pecados sino a jugar.

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Una mente cuasi-vacía

By admin | junio 7, 2020

Desapegarse de todo lo que inquieta nuestra mente y perturba la paz. Esto es algo que hay que merecerlo trabajando en nosotros mismos. Las causas están en nuestros pensamientos insalubres ya sea rumiantes (culpa, resentimiento) o agoreros (miedo, preocupación, ansiedad). No arrojemos afuera lo que es nuestra responsabilidad. Hay que ocuparse y vale la pena.

Me han dicho que no es fácil. Pero tampoco es imposible. Una manera de probar es atender focalmente lo que estamos haciendo “ahora” y en cada “ahora”, se trate de algo complejo o simple, grande o mínimo. Vivir en “presente continuo”. Así liberamos nuestra imaginación de “tiempo” pasado o proyectado al futuro. La mente se afloja, se relaja. No tiene tanta carga y descansa. Entonces agradece regalando (un “presente”) un estado de paz y de gusto por estar viviendo ese momento. Por ser. Una mente cuasi-vacía es un goce. Pero hay probar esto por uno mismo. No sirve sólo leerlo. “No se cura uno leyendo el prospecto sino tomando la medicina”.

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Nos enseña Krishnamurti

By admin | mayo 11, 2020

Sólo existe una cosa:» lo que es». Nada más. Estar completamente atento a «lo que es» elimina cualquier dualidad (de la mente); en consecuencia no hay conflicto, la mente no se tortura. Meditar es cuando la mente ve realmente «lo que es», sin interpretarlo ni traducirlo, sin desear que no fuera así, y sin aceptarlo tampoco.
Krishnamurti
Comparto esta cita porque puede ayudar a vivir este momento con más paz, y esa experiencia de quietud, por mínima que sea, libera mucha energía para la acción….aunque nos quedemos en casa. Sólo por hoy observaré «lo que es» sin juzgar ni etiquetar ni reaccionar en base a experiencias pasadas.

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La felicidad o la desgracia.

By admin | marzo 23, 2020

La felicidad o la desgracia dependen fundamentalmente de la actitud de la mente, y la mente consciente se puede ejercitar. Cada vez que nos vemos venir una apreciación negativa de las cosas debemos dar una vuelta de tuerca y mirarla desde otra perspectiva. En definitiva, lo verdadero es lo que nos hace bien. Lo nocivo no está tanto ahí afuera como lo está en nuestros pensamientos, juicios, caprichos, prejuicios…  Dichosos aquellos que tienen una mente limpia!!!

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