Contenido

Definiciones

Otros enlaces


« | Main | »

La paradoja de la Felicidad. 1a. Parte

By admin | agosto 18, 2021

Zenón de Elea era un filósofo presocrático. Planteó varias paradojas, entre ellas la famosa: Aquiles y la tortuga. Como buen eleático buscaba demostrar que el Ser es inmóvil y que todo movimiento registrado por nuestra experiencia es una ilusión.

En palabra simples, la paradoja dice que si Aquiles y una tortuga compiten en una carrera y la tortuga arranca con cierta ventaja Aquiles, con toda su rapidez y fortaleza jamás alcanzará la tortuga. Porque si medimos la distancia como una línea continua de infinitos puntos Aquiles no termina de recorrerlos cuando la tortuga ya está un poco más adelante. ¡¡Una hermosa abstracción!! Y sin embargo tardó siglos en resolverse en base al cálculo infinitesimal. Pero no ahondaremos en una matemática compleja e innecesaria para nuestro propósito que es abordar el tema y la experiencia de la Felicidad.

Tomemos la paradoja tal como la plantea Zenón. No busquemos salir de la paradoja. Las paradojas suelen generar un estado de perplejidad que deja en silencio la mente. Y si permanecemos en ese estado puede ocurrir que para comprender lo que ocurre tengamos que revisar nuestros patrones mentales, nuestros circuitos habituales de pensamiento, todo lo “conocido”. Así quizás podamos alguna vez percibir lo “desconocido” no previsto, descubrir un sentido que pone en jaque el permanente recurso de la memoria, memoria de conceptos, de imágenes, de razonamientos típicos.

Siguiendo la demostración abstracta de Zenón diríamos que es verdad que no habría un punto donde Aquiles alcance la tortuga. ¡Pero nosotros sabemos que hay un punto donde Aquiles sobrepasa a la tortuga!

¿Qué tiene que ver todo esto con la Felicidad?

Aquiles o nosotros siguiéndolo hemos dado un salto hacia otra dimensión. Del “continuum” de la línea del tiempo lineal como pasado, presente siempre evanescente, ese “continuum” que desemboca en un futuro, de todo eso registrado permanentemente como pasado, cargado a la cuenta del pasado, nos hemos salido, hemos puesto el pié en un lugar muy difícil: el ahora. Hemos trascendido la línea de tiempo como sucesión. Flotamos un poco o estamos a centímetros del piso. Estamos “ahora”.

“Ahora” es el único sitio donde podemos trascender algo. Decidimos trascender poniéndole fin al sufrimiento, al miedo. “Ahora” se abren las compuertas de la felicidad. No pueden abrirse ayer ni mañana. Es un autoengaño decir yo voy a ser feliz dentro de un mes cuando se resuelvan mis problemas amorosos, laborales, financieros. Sin embargo es la forma habitual de movernos en la vida. Las causas anteriores generando consecuencias temibles y cada uno de nosotros en este punto del presente somos el desmayo inconsciente que teme, que tiene miedo y ansiedad.

Es verdad que de los recuerdos y las experiencias pasadas aprendemos y proyectamos hacia el futuro conductas más o menos adecuadas para movernos con cierta coherencia, eficacia, sentido práctico, con cierta firmeza en la vida. La historia de la humanidad muestra que esto ha sido así. Pero esa distancia tensa entre el arco hacia la flecha no es el único lugar donde podemos estar.

La mención de la paradoja de Aquiles y la tortuga es por supuesto una  analogía. Y muestra que podemos despertarnos de golpe y caer como un rayo en ese “continuum” vertical del tiempo lineal. Aquiles, en un instante trascendió esa línea. No alcanzó la tortuga sin más. Tuvo que superarla, sacar ventaja.

Con la felicidad, la serenidad o la dicha ocurre de modo análogo, aunque para comprender esto es preciso experimentarlo. Y para experimentar tiene uno que disponerse a buscar, indagar en sí mismo, probar. No buscar la alegría para que se dé en otro momento después y además dependiendo de circunstancias externas. La felicidad es siempre “ahora” y en lo profundo de mí mismo. Está exactamente donde yo estoy pero tengo que vivir el momento presente con intensidad para experimentarla.

Esta clase de felicidad a la que aludo no va reñida con los dolores de la vida. En cada punto de mi “presente continuo” voy cursando mi dolor y eso puede ir acompañado de un fondo de paz y contento por el simple hecho extraordinario de estar vivo. Un monje medieval y místico, Meister Eckhart, escribió: “No hay desgracia sin contento”. Pero esta clase de felicidad no tiene nada que ver con el sufrimiento. El Buda distingue entre dolor y sufrimiento. El dolor es inevitable, el sufrimiento es optativo. Sufrimos porque, aún inconscientemente, decidimos sufrir al enmarañarnos con nuestra mente inquieta, con los pensamientos oscuros, la imaginación negativa a cuya inercia nos entregamos. Para atrás culpa o resentimiento o autocompasión y para adelante miedo, ansiedad, preocupación. Mucho miedo. No es medible el instante en que Aquiles aventaja a la tortuga. El salto no se puede medir. Es un asunto muy personal. Tiene que ver más con lo que se siente que con lo que se piensa.

Topics: Uncategorized | No Comments »

Comments

You must be logged in to post a comment.