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Píldoras para el Alma.

By admin | diciembre 15, 2019

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Tú lo crees, tú lo creas. Este es uno de los lemas en boga que surgen en el contexto de la bastardeada “Metafísica” de la “New Age”. En realidad es una verdad mentirosa.  Pues se presenta así, de manera fácil y simplista. Como una ley que flota por el aire y que sólo basta recordar cada tanto aleatoriamente o por las dudas.

Hay en esta enunciación un trasfondo de pensamiento mágico o al menos de algo que sucede sin que cada uno de nosotros tenga que poner manos a la obra.

Sin embargo nos podemos hacer cargo de esa expresión en lo que entendemos tiene de genuina y útil para una vida de bienestar. Bien entendida y bien practicada tiene su sabiduría.

Y aquí conviene preguntarse: ¿realmente estoy creyendo en algo que quiero obtener o descreyendo de algo que quiero evitar? ¿O sólo son frases mentales que pronuncio superficialmente? ¿Qué creo honestamente? ¿En qué soy escéptico a pesar de mí mismo? ¿Cómo podría cambiar mis creencias para alcanzar una verdad más genuina sobre mí mismo? ¿Cómo puedo dar ese salto creativo que me conecte con mis prejuicios, opiniones e interpretaciones acríticas y verlas como lo que son, apariencias que deberían ser superadas por la realidad, mi realidad?

Para gran parte de la filosofía occidental y oriental —parte a la que adhiero— resulta problemático que tengamos la posibilidad de crear algo que esté “ahí”. Es más problemático aún que haya algo ahí que no esté teñido para cada uno de una sensación, un sabor, un color, un velo diferente. Y finalmente, ¿habrá algo real “ahí”, o nuestros juegos danzantes de guirnaldas ilusorias quizás sólo danzan alrededor de nada?

Llego a este extremo de la duda para que sepamos que durante siglos la humanidad se ocupó de cuestionar la confianza ciega de que hay algo real, de que ese algo, si lo hay, sea percibido por nosotros y que aún en caso de ser percibido, esa percepción sea la misma para todos por igual.

Puede que nos pongamos de acuerdo en consensuar algo real, algo así como una convención: la enfermedad, la pérdida, el desastre, el cataclismo, la felicidad, la armonía, la bondad, el equilibrio, la guerra y la paz.

Hasta ahora parece que pongo en duda la realidad de todo.

Propongo ser más razonables: no digo entonces que el ser de las situaciones o cosas se agote o reduzca en ser percibido. No lo digo de manera absoluta. Pero lo que llamamos nuestra realidad se construye en gran parte por lo que creemos, por una suerte de ilusión en la que estamos atrapados, condicionados para pensar, juzgar, sentir, opinar, quejarnos, celebrar, excitarnos, festejar.

Hay enfermos terminales que salen adelante y otros no tan terminales que mueren. Esto ha sido estudiado mucho por el Maestro Chopra[1] por ejemplo.

Hay gente desdichada que se suicida y gente mucho más desdichada que ha canalizado su enorme cuota de dolor en construir algo benéfico para sí mismo y para los demás.

Hay herederos de unas familias extremadamente disfuncionales que siguen ellos mismos en la culpa y la disfuncionalidad toda su vida. Y otros con la misma herencia que han encontrado en ese laberinto la salida para una vida propia y productiva, no necesariamente atada a su historia.

Qué ha hecho la diferencia?

La manera en que han tomado las cosas. Las creencias bien fundadas que han tenido de esas cosas y de sí mismos, los que salieron adelante, y las creencias infundadas de los que  no salieron. Las opiniones y juicios con que han interpretado lo supuestamente “real” para todos por igual. Algunos, los más afortunados, no compraron esa ilusión, no se la creyeron y se liberaron de ella para alcanzar a construir una vida mejor.

Se reconocieron en sus certezas más profundas.

Se hicieron eco de las enseñanzas de los estoicos romanos: lo que nos afecta no es la cosa sino lo que pensamos de la cosa.

Pero también hay algo más y muy importante.

Se tomaron un cierto trabajo, mucho o poco no importa, en reflexionar, examinar  y metabolizar sus circunstancias.

Sin trabajo y práctica no hay progreso en la vida espiritual ni anímica.

Los lemas para perezosos: tú lo crees tú lo creas, lo que temas te sucederá, el universo caerá rendido a tus piés, etc., son frases hechas de moda que no cambian la vida de nadie.

En este sentido cobra fuerza la “paradoja de Moore”[2] que Marinoff[3] menciona en su libro “Pregúntale a Platón”. Consiste en esta afirmación: “esto que me aqueja se supone que tiene que hacerme mal pero yo no me lo creo”. Si te lo proponen como una fórmula mágica a repetir, puedes pensar que es una broma: ¡cómo no me lo voy a creer! Pero si lo analizas a la luz de las consideraciones anteriores verás que tiene la virtud de muchas paradojas: sacarte de una línea demasiado obvia de pensamiento para hacerte saltar a otro plano más profundo de lo verdadero donde no te involucras emocionalmente con lo que te pasa de un modo fácil y automático. Más profundo porque estaba escondido en tu ser esperando que lo reconocieras. O sea: frente a esta adversidad que podría juzgarse como angustiante ¿es necesario que yo crea que tengo que cargar con tal o cual cuota de sufrimiento? ¿Es necesario que sufra tanto? ¿Y si es optativo? ¿Y si puedo elegir no sufrir o, al menos, no darme tanta manija con las cantilenas de la autocompasión?

El objetivo del consejo filosófico, el asesoramiento o el ejercicio de la filosofía en la vida cotidiana consiste en ayudar a distinguir entre apariencia y realidad, entre tu apariencia y tu realidad, entre tus autoengaños y tus autocertezas.

Alcanzar un poco de tus muchas verdades y certezas siempre requerirá un trabajo, una tarea a realizar. Y cualquier pequeño cambio en un ser humano es grande. Yo personalmente no lo mido por la cantidad. ¿Cómo podría medirse eso?

A arremangarse!!! Que no se cambia nada leyendo el prospecto sino tomando el medicamento.

Como decía Platón “Lo hermoso es difícil” pero es hermoso!!!

 

Si te interesa esta perspectiva sobre las “afirmaciones” indolentes que no te cambian la vida por más que las repitas, yo te propondré en forma personalizada, de acuerdo a tus malestares de la vida cotidiana reemplazarla por  brevísimos consejos o incitaciones a la acción, cuyo poder medicinal comenzarás a experimentar ni bien recuerdes pensarlos, ¿qué te parece? Tres veces al día por ejemplo.

Escríbeme según tus inquietudes y te daré las devoluciones que mejor te calcen. Silviabakirdjian@gmail.com

[1] Deepak Chopra, médico, escritor y conferencista indio..

[2] Debida al filósofo británico G. E. Moore

[3] Lou Marinoff, fundador de la American Philosophical Practitioners Association y autor de varios libros.

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